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El Lince…

Nadie pudo dar con su paradero, parecía como si la tierra se lo hubiera tragado…

Tras la victoria de Lepanto en 1572, uno de los hombres alistado en el Tercio sufragado por Don Juan de Cardona, con el rango de teniente y ventaja de ocho escudos sobre la soldada general, es declarado en búsqueda a causa de haber acabado con la vida de algunos soldados castellanos y de haber herido a otros.

Sobre ese hombre alistado como Álvaro de Sobrarbe y destinado a la guardia personal del Príncipe Juan de Austria, había recaído la acusación de traidor.

Había presentado dicha acusación otro oficial, que dirigía la unidad en la que se habían producido las bajas. Ese oficial era Antonio Sigura, un veterano de Flandes, que gozaba del rango de oficial de la Inquisición.

A pesar de que el Consejo de Guerra, sabía de la animadversión entre ambos oficiales, la ausencia de Don Álvaro de Sobrarbe abrió camino a una sentencia de proscripción y orden de detención, que facultaba a los oficiales del Tercio de Nápoles, a los oficiales de la Inquisición y a los de la Santa Hermandad, a prenderle y conducirle ante el verdugo.

A una parte del tribunal constituido, no se le escapaba que aquél oficial fugado era una espada al servicio de Don Ruy Gómez Da Silva, el Príncipe de Éboli, ministro de Estado del Rey Don Felipe. Un agente temible que había causado quebrantos importantes a los partidarios del Duque de Alba. Dicho agente, a causa de su astucia era conocido en las filas de los partidarios de las aspiraciones de la Casa de Alba, como El Lince.

Nadie pudo dar con su paradero, parecía como si la tierra se lo hubiera tragado…