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I. Las conspiraciones

De cómo fue divulgado el secreto confiado por el César Carlos a su hijo Felipe.

Despacharon el oficio para el amanuense.

El pobre hombre de aspecto más bien fúnebre, desaliñado, como sometido a perpetuo mal trato o al acarreo de por vida de una piedra de molino atada a su cuello, entró en la estancia arrastrando sus pies bien calzados. Claro está que para un “marrano” que los tres oficiales inquisidores del Real Consejo de Indias, supieran que seguía siendo fiel en secreto a la fe de Abraham, era una sentencia de muerte en suspenso. Les echó una ojeada bajo sus lánguidos párpados, entre los tres le debían una fortuna, y según ellos no le habían denunciado, ya que solo entendían de lo que sucedía al otro lado de la Mar Océana. Los odiaba con todas sus fuerzas, pero temía emprender cualquier acción, un fallo sería la ruina y la muerte. Pero él sabía que la muerte de aquellos tres fanfarrones sanguinarios era su liberación y la tranquilidad de su familia.

-¡Me habéis ordenado comparecer, mis señores! ¿Necesitáis algunos doblones quizá?-

-¡Nada de dineros…Aunque no nos vendrían mal!-aclaró Atienza, recibiendo un discreto codazo de Cárdenas-¡En realidad, estás aquí para realizar un trabajo como amanuense del Santo Oficio…Es, digamos, un trabajo muy especial, pero en el registro debes hacerlo constar como un levantamiento de rutina, en una carta sin nada relevante. Ha de quedar tan en secreto como tus sábados, judío!!-El escribano doblego su torso al mismo tiempo que se llevaba el dedo índice a los labios, aterrorizado. En las estancias de la Inquisición de Sevilla, gritar su crimen contra el Reino, qué barbaridad!

-¡Nada temas Juan,-dijo seriamente Cárdenas-haz bien tu trabajo, y del modo que Don Baltasar te ha dicho, y no sólo no tendrás problemas, sino que hasta recibirás un par de doblones, no como devolución de lo que te debemos sino como muestra de agradecimiento!-

-¿Puedo ver la carta?-susurró el amanuense.

-¡Aquí tienes, Juan!-Cárdenas le alargó el pliego lacrado. El escribano leyó atentamente a quien iba dirigida la carta.

-¡Algo muy grave, mis señores, os tiene que impulsar a censurar unas letras enviadas a un Gobernador tan principal, y de una Provincia tan conflictiva como Flandes!-

-¡Nada de eso Juan, es un pliego normal, trabajo de rutina casi como el de los asentadores de muelle!-insistió Luque.

-¡Pero, Señores, sabéis que debo certificar mediante una copia la intervención y alzamiento del pliego en cuestión, si lo transcribo quedará evidencia, si me imagino un texto y alguna vez se audita, sabéis lo que ello significa para este humilde servidor vuestro…!-

-¡No te apures Juan, respecto del pliego dirigido a Flandes, abrirás el sello, después de haber preparado un tampón exacto para restituirlo… En cuanto al certificado para el Oficial de Notaría Real, abriremos otro pliego menos comprometido, también lacrado pero que no suponga vigilar al Gobernador de Flandes!-Todo esto dicho en voz baja y de corrido surgió como un torrente de los labios de Cárdenas que empezó a buscar entre otros sobres y pliegos que aguardaban para ser entregados a su destinatario.

-¡Que prodigio, veo que mis Señores han pensado en todo!-

-¡Por eso somos tus Señores…Y tú nuestro sirviente!-sentenció Alfonso García y Luque.

-¡Aquí está!-Sonriente Cárdenas enarbolaba esta vez un sobre dirigido a la Cartuja de Sevilla, desde Veracruz.

-¡Muy bien Señores, acostumbro a llevar conmigo mis herramientas!¿Por cuál de ambas misivas comienzo?-

-¡Por la del Gobernador, pardiez!-cortó Cárdenas-¡Don Alfonso cerrad la puerta a cal y canto!-

Acto seguido Juan Linares mediante sus pastas, betunes y estiletes dio inicio a su delicada misión aquella fragante mañana del 23 de Abril, fiesta de San Jorge- de 1573.

Al cabo de un prolongado tiempo para los tres oficiales, el lacre pudo ser violado y el pliego abierto. Sin dar tiempo a nada, Cárdenas lo arrebató de las manos a Juan Linares. Mientras leía su contenido su expresión pasaba de la ira a una radiante alegría para volver a lo primero y así sucesivamente. Sin mediar palabra se dirigió a su mesa de copias, y empezó copiar en pliego aparte el contenido del original intervenido. Los otros tres presentes en la estancia se miraban sin entender gran cosa.

-¿Y bien?-carraspeó al fin García.

-¡Lo que suponíamos, muy claro, muy evidente, le tenemos…Está perdido!-susurró Cárdenas sin perder letra ni acento, ni tiempo en transcribirlos y haciendo un gesto para dar a entender que el “marrano” no debía ni sospechar de que se trataba. Una vez terminada la operación, Cárdenas urgió al amanuense a que cerrara el pliego exactamente como estaba y que lo lacrara, este comenzó, y los tres oficiales se retiraron unos pasos para cuchichear entre ellos. En un breve instante Cárdenas creyó ver una operación extraña del amanuense con el pliego.

-¡Eh!¿Qué haces miserable falsificador?-

-¡Mi Señor Don Pedro, he de situar bien la cinta y para ello debo desplegarlo, pero con el dorso a la vista…Os juro que no he leído nada!-

-¿Juras…Por quien?-se avanzó Atienza.

-¡Por mis hijos, Señor…!-el aire del judío cobró una gravedad, una dignidad que, tras aquello, la cuestión quedó zanjada. El hombrecillo siguió con su tarea.

-¡Ya está!-afirmó Juan Linares secándose el sudor.

A grandes zancadas Cárdenas se acercó a la puerta y corrió sus baldones dejándola ligeramente entornada como solía permanecer.

Una vez seco, sin alterarse, el amanuense procedió a intervenir la segunda carta, reclamó la presencia del oficial de la valija. Atienza se adelantó. El amanuense arrancó el sello de lacre, abrió el pliego, el oficial firmó en un formulario preparado para las ocasiones y empezó a dar lectura a la carta. Juan Linares en el formulario firmado por Atienza tras escribir “Primera copia” siguió con la redacción de lo que, cada vez más estupefacto, Don Baltasar de Atienza le dictaba al leer en voz alta la carta.

“En nombre de Nuestro Señor Jesucristo, en la ciudad de Veracruz a Veintiocho de Diciembre del Año del Señor de 1572.

Bien amado padre Aniceto:

Os tengo que comunicar las lamentables nuevas que un mensajero de nuestra Cartuja de Nueva Jerusalén me ha comunicado. Las sospechas de nuestro Superior son más que fundadas, si este mensaje llega a vuestras manos lo hará en el tercer intento, dos mensajeros han sido asesinados antes.

En el Virreinato de Siete Virtudes, el rumbo de los acontecimientos está dando la razón tanto a las consideraciones generales del Inquisidor General, como al Superior de nuestra Orden. Las relaciones oficiales enviadas desde allí a España, son patrañas. La capital del virreinato no es llamada Santa Fe, sino Nueva Babilonia, franciscanos y benedictinos colaboran todavía con el Virrey, a los dominicos no se les dejó desembarcar en Santillana de Caribes, nuestros hermanos están siendo estrechamente vigilados. El Santo Oficio está presidido por un judío, un cristiano viejo pero relapso y un protestante. Las Encomiendas son administradas por hermanos franciscanos y un tenedor de cuentas virreinal, en un régimen que no contempla la conversión de los nativos a la verdadera Fe Católica. La gran cantidad de flamencos, italianos, holandeses, alemanes, bohemios, aragoneses, judíos, franceses hugonotes y muchas otras malas hierbas ahogan por completo la cosecha de buenos cristianos, de Navarra y de Castilla la mayoría. Pero aún de estos Reinos hay una gran cantidad de herejes y lo que es peor, entre los buenos católicos, la inmensa mayoría son erasmistas que toleran la herejía junto a ellos.

Así pues, Bien amado padre, el proyecto que nuestra Majestad, Que Dios Bendiga, impuso con el santo fin de evangelizar a aquellos que siendo fieles al Reino no lo eran a la Santa Iglesia, a sugerencia de su esposa Isabel, está conduciendo sin remedio al buen Rey Felipe hacia la excomunión.

En cuanto a nuestro Virrey, Don Leopoldo De La Marck y Sinclair nadie puede decir lo que siente, lo que piensa, lo que cree, pero mucho menos lo que va a hacer. Sus tropas son temibles bien adiestradas y mejor dirigidas, las fortificaciones obras impresionantes, su administración muy diligente, e ilustrada, en cuanto a sus hombres del Santo Oficio, son un temible cuerpo de guardia personal y espionaje. La vida, en Siete Virtudes lo es todo, menos virtuosa, la moral es relajada, no hay índice de libros, la imprenta se utiliza sin limitaciones. Hay más de orgullo de los Borja, de los Médici, del fasto de Satanás que de la austeridad de una corte virreinal cristiana.

Es tal la gravedad de la situación, y no tengo noticias desde la festividad de San Miguel Arcángel de Septiembre, que creo ineludible reunáis el Capitulo de Castilla expongáis los hechos y conjuntamente con la Orden de Santo Domingo, informéis al Tribunal de la Santa Inquisición y al Rey.

La salvación del Reino peligra. En Vos reposa Bien amado padre.

En Cristo,

Padre Cecilio.”

Atienza terminó la lectura con gran solemnidad. Juan Linares escribía con diligencia, mientras las ideas se agolpaban en su mente. Así pues había un lugar seguro para él y los suyos.

-¡Vaya, vaya! ¡Hoy es el día de los asuntos importantes!- largó García.

-¡Creo que ahorraremos un buen montón de gestiones a cartujos y dominicos! ¿Verdad caballeros?-dijo Cárdenas riendo abiertamente.

-¡Venga Juan, aligera!-gritó Atienza.

Poco después las copias estaban concluidas, el pliego restituido, el sello violado relacrado, junto a él el sello del Santo Oficio…Todo legal, todo bien realizado. Juan pescó dos doblones al vuelo que le lanzaba Cárdenas imponiéndole silencio con su dedo índice en un expresivo gesto .Juan asintió e inclinó su cabeza antes de abandonar la sala como alma que lleva el diablo.

Los pasos del amanuense se perdieron lejos, y Cárdenas se encaró con sus dos compañeros.

-¡Os pido silencio absoluto hasta que Don Antonio esté aquí! ¿De acuerdo?-

-¡Si así lo deseáis…Así se hará! ¿No os parece Don Baltasar?-

-¡Desde luego!¡Pero…¿Dónde está, ese Don Antonio?-

-¡De regreso de Flandes! ¡En una semana estará con nosotros!-respondió Cárdenas.

-¡Propongo que nos reunamos los cuatro en Casa Velasco, es un nido de intrigas y líos, pero es el lugar más preparado para lo que tenemos que hacer…!-

-¡No está mal pensado…Reservaremos un grupo de alcobas y una sala contigua, Casa Velasco será nuestro puesto de mando. Todo en una planta, si es posible reservaremos toda una planta!-dijo Cárdenas.

-¿Y el dinero? ¡Eso costará una fortuna!-objetó Atienza.

-¡Perded cuidado, cuando abandonemos Casa Velasco, el Duque de Alba nos habrá provisto de fondos, cartas de presentación, pasaje para ir a Nueva España, ropas, bula papal y todo lo imaginable. Este verano lo pasaremos en Nueva España, ajustando cuentas en nombre del Rey y de la Santa Religión! ¿Verdad Don Alfonso de García y Luque?-le puntualizó Cárdenas.

-¡No os quepa duda, Don Pedro Cárdenas de Molina!-sonrió el interpelado.

-¡Tal y como os digo!… ¡Ninguno de ellos se dio cuenta de que había tomado copia de la carta del adelantado de Yucatán!-contaba Juan Linares, el sefardí habilidoso, a sus tres hijos.

-¡De Mérida de Yucatán, padre!-corrigió uno de ellos.

-¡Eso…De Mérida!¡De la segunda, tengo mi copia como oficial amanuense de la ciudad de Sevilla…Es un asunto grave para ellos, para los “goims”, pero para nosotros los judíos es una buena noticia, al otro lado de la Mar Océana hay un lugar en donde los judíos están bien considerados. Tenéis que ir allí hijos míos, al Virreinato de Siete Virtudes!-

-¿Pero, que podemos hacer allí?-le preguntó uno de sus hijos.

-¡Celebrar el Sabbat, Isaías! ¡Sin que te persigan! ¡Acudir a la Sinagoga junto a Daniel y a Simón sin temor a nadie! ¡Ser bien considerados hijos míos!-

-¡Pero a partir de ahora, ese feliz Edén, esa nueva Toledo, estará en el centro de las iras del Rey y de la Inquisición!-comentó el llamado Isaías.

-¡Y ese…Don Álvaro nosotros…¿Qué nos importa?-apuntó el pelirrojo Daniel.

-¡Mezclarse en asuntos de “goims” es llamar a las puertas de la hoguera, padre!-remató Simón de terrible porte.

-¡Escuchadme, conozco a esos tres rufianes tanto como a vosotros…Nada les importa el tema del virreinato hereje, a ellos les mueve, la venganza el más temible, odia a ese Don Álvaro, pero le teme…Antes se han enfrentado, y le ha vencido, incluso herido según creo. A otro, la fortuna que los de Alba pagarán por eliminar a ese desconocido. Y al tercero el honor de llegar a ser un noble…Con titulo. Lo de Siete Virtudes será un pretexto…En realidad buscan una cabeza!-sentenció señalando con su índice al techo.

-¡Pero de paso, decapitarán el virreinato que tan bien acoge a los judíos…Es de cajón!-razonó Isaías.

-¡Por eso debéis ir, hay que prevenir a nuestros hermanos del otro lado de la Mar, y a ese buen Virrey…Hay que salvar nuestra esperanza, hijos!-

-¿Y el hombre llamado Álvaro?-preguntó Daniel.

-¡A ese le buscará Simón…Le entregará una copia de la copia del mensaje interceptado, más una lista de los que le buscan para darle muerte y una breve relación de los planes que urdirán para ello!¡Con esos tres monstruos bajo tierra, nadie sabrá en España que vuestro padre es judío…Y con ese virreinato sin asolar por los inquisidores, vosotros como el resto de los judíos de Sepharad tendréis un horizonte, no un “sambenito” o un auto de fe al final de vuestros días!-

-¡Visto así…Está muy claro!-dijo Simón.

-¡Viajar a Nueva España…! ¡Representa mucho dinero, padre. Y un motivo oficial para obtener pasaje!-objetó Isaías.

-¿Esos planes de asesinato, como los sabremos?-preguntó Daniel.

-¡Me alegra Simón que percibas lo importante del tema. En cuanto al dinero, la causa lo vale, así que dispondréis de él, y la casa de Harbak no se arruinará. En tercer lugar, tendréis credenciales para ir, las mejores tras las del mismo Rey o del Cardenal Primado del Reino!-sonrió el anciano.

-¡Muy bien…Y los planes de esos rufianes, padre. ¿Como los sabremos?-insistió Daniel.

-¡Ahhhh…!¡Muy sencillo, para hacer lo que quieren, y conociéndolos a ellos, y a los servidores de los Alba, estoy seguro que se reunirán en Casa Velasco, la Venta del camino de Mérida!¡El Inquisidor Pedro Cárdenas de Molina, el hombre de la venganza, de ellos el más temible, ya ha escogido la Venta para otros de sus negocios de condena y espada…Estoy seguro de que acudirán allí!¡Allí tramarán su proyecto, y allí de ellos mismos nos enteraremos!-

-¡Padre, no puedes ir allí, te reconocerían!¿Como piensas espiarles?-dijo negando con la cabeza Isaías.

-¡No me verán!¡No saldré de mi estancia hasta que hayan partido!¡Iré disfrazado, nadie, ni vosotros me reconoceríais!¡Tengo buenos amigos en la Venta!¡Conozco algunos de sus secretos, volveré con la información que necesitamos!¡Si alguien solicita mis servicios, he sido reclamado por el Notario de Toledo, Don Guzmán de Peñafiel, es cierto, tengo que acudir en su ayuda. Un problema de herencia de moriscos…! ¡Ismael, nuestro buen ayudante, vendrá conmigo. El es fuerte y maneja las armas como un gentil, además es de los nuestros!-

-¡Llévate a Casim, padre, es muy bueno con el pedernal!-insinuó Simón.

-¿Un morisco? ¡Ni hablar, a pesar de parecer leal a la casa Harbak y bueno para los hijos de Abraham…Es un morisco, nos podría vender a los inquisidores a cambio de linaje de castellano viejo!-negó Juan Linares.

-¿Venderte Casim? ¡Los odia tanto o más que nosotros!-espetó Simón.

-¡Han habido casos! ¡Y también a nosotros nos odian!¡No hay mundo para tres dioses, como no hay firmamento para tres soles!-sentenció el viejo.

-¡Pero…! ¿Y, si van a otro lugar?-preguntó Isaias.

-¡Entonces irás tú, Isaias. Y les espiarás, hasta saber lo que debemos saber!-con un cierto enojo Juan dijo esto último sosteniendo intensamente la mirada a su hijo mediano que bajó sus pupilas.

-¡Si padre!-

-¡No temáis hijos míos…Todo saldrá bien!-y envuelto en una beatifica sonrisa contempló a sus tres orgullos, sus tres hijos, Simón, el primogénito valiente y esforzado, siempre a punto de defender a un hermano de Israel, Isaías, el mediano, liviano, bello, prudente y sabio, Daniel, el menor, hijo de su segunda esposa, tan pelirrojo como ella, rápido como un gitano y hábil con las lenguas y en las lides del amor, las tres bendiciones de Jehová a la Casa Harbak, regida por Eleazar el Rabino de Al-Ándalus, conocido por sus vecinos de Sevilla como Juan Linares, un “marrano” que por sus altas letras y buen juicio había llegado a ser un amanuense considerado.

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  • admin at 17:59

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