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Orientación…

La segunda mitad del siglo XVI, la corona española pugnaba por asentar su hegemonía en Occidente.

La segunda mitad del siglo XVI, la corona española pugnaba por asentar su hegemonía en Occidente. El Rey Felipe, reinaba sobre el Imperio más extenso concebible en aquellos tiempos, pero las ataduras tanto internas como exteriores, dificultaban que los castellanos, dueños de casi la totalidad de las Españas, y de los reinos sometidos, lograran alzarse con el dominio y lideraje de la cristiandad. Los príncipes alemanes eran un problema, debido a la presencia de los reformistas luteranos en sus estados, y el Reino de Francia seguía siendo el enemigo perpetuo. Austria quedaba muy lejos, y Flandes empezaba a perfilarse como la pesadilla, en la que años después se convirtió.

En 1573, hacía diecisiete años que Felipe, el hijo del César Carlos, había sido coronado como monarca del Reino de Castilla y de la Corona de Aragón. Por aquellos días, tras la muerte de su tercera esposa, Isabel de Valois, alrededor del poderoso monarca tenía lugar un pulso terrible, entre dos facciones que pugnaba por acumular el favor real, poder e influencia.

Una estaba formada por los partidarios del Príncipe de Éboli, Ruy Gómez Da Silva, íntimo amigo del monarca en su niñez y juventud, y su esposa Doña Ana de Mendoza, los cuales, defendían posturas próximas a la tolerancia y al erasmismo.

La otra, enfrentada a éstos, estaba dirigida por Don Francisco Álvarez de Toledo, Tercer Duque de Alba, y sus allegados, sostenían posturas mucho más intransigentes y partidarias de la dureza en las cuestiones de Estado, que se aplicaron en toda su rudeza durante el periodo en que el Duque tuvo la responsabilidad de gobernar en Flandes.

Las malas consecuencias de la dura política aplicada por el de Alba, en los dominios de los Países Bajos, motivaron su cese y substitución por Don Luis de Requesens, tutor del Príncipe Juan, y hombre cercano a los Príncipes de Éboli.

El Duque se centró en ampliar su influencia en Castilla y en las Indias Occidentales, proponiendo la implantación de la Inquisición en aquellos reinos nuevos, de los que llegaban importantes cargamentos de oro y plata.